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A modo de título de película escribo este artículo que perfectamente podría empezar de igual modo que estas, ”Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia”

¡Pero no sería verdad!

Toda empresa acaba siendo un reflejo de la sociedad, puesto que es una pequeña sociedad en si misma y en la misma se reflejan las mismas personalidades, actitudes y comportamientos dominantes a cada momento.

Hoy en las empresas, a réplica del mundo de la Política, se implantan de manera dominante los individuos seguidistas cuya labor se traduce en seguir normas, preguntar y en que si no esta escrito, ¡no es posible!

A modo de plaga se multiplican entre ellos mismos, llegando a dominar el “hábitat” de una manera peligrosa para la supervivencia del mismo con lo cual se convierten en una “arma de destrucción masiva”.

En el otro extremo se sitúan aquellos que hoy están en minoría, cuya “visión” es la de tener criterio, arriesgar, opinar y sobre todo, aportar nuevas y revolucionarias maneras, lo que les convierte claramente en un depredador de los anteriores.

En mi larga experiencia he conocido muchísimos de los primeros, de esos que la supervivencia es para ellos su principal objetivo, de los que lo más peligroso no era su evidente falta de ideas y sí la fe que ponían en la única que tenían.

Esos que no hacen crecer a nadie más allá de su propio currículum, que llenan de novedades implantadas que son como rotondas que siempre acaban en el mismo sitio.

Y también he conocido alguno de los segundos, gente con ideas que son capaces de exponer más allá de opiniones, riesgos y encuestas, lo que les convierte en auténticos desactivadores de bombas de destrucción masiva que son los primeros y en motor de avance de dichas empresas aunque ello en clara contradicción, suponga frenar su propio avance, puesto que generan continuos seguidores, pero grandes detractores.

En mi última etapa en “la jungla de cristal” vi la sucesiva desaparición de estos, absorbidos por la plaga devoradora de criterio, personalidad y desprecio al riesgo.

Incluso acaba anidando en la mente de todos, al punto que a veces se juzgan directivos basado en… “Es muy simpático y se ve buena persona” (¡Dios!, ¿Pero sabe? ¿Toma decisiones? ).

Tuve la suerte de convivir con gente capaz de mantener un criterio, defender a su equipo y en la búsqueda continúa de mejoras para estos, poner patas arriba todo lo que hubiera que poner, entendiendo que “El mundo debe todas sus obras a los inconformistas”.

Pero fueron desapareciendo en la búsqueda de nuevos horizontes, o quizás sólo porque la selección natural implantada por la genética de la mediocridad provocaba su propia criba.

Hoy escribo este artículo al “último gran hombre” que en mi opinión queda, con el que tuve la suerte de aprender y crecer a base de apostar al número ganador aunque una y otra vez saliera otro, porque sabíamos que al final… El éxito sólo está por delante del trabajo en el diccionario.

El último de esos grandes hombres que saben de sus fortalezas, pero no tienen miedo de sus debilidades, precisamente por eso, ¡porque son fuertes!

Y saben rodearse de personas competentes sin miedo a pelear espalda contra espalda por un objetivo común.

Eso no les hace especialmente simpáticos ni cómodos, pero sí terriblemente efectivos e imprescindibles para su equipo, y sólo espero que “ÉL” pueda tomar decisiones durante mucho tiempo pues parece el último de una raza que por desgracia yo vi desaparecer poco a poco….

Solo eres mejor persona y profesional cuando tienes criterio y respeto por otros criterios, ¡porque eso te hace libre! Porque cuando todo lo tienes que preguntar… Te conviertes en esclavo.

Para él, este artículo que es mi muestra de respeto eterno al “Último gran hombre en la Jungla de Cristal”

“No temáis a la grandeza; algunos nacen grandes, algunos logran grandeza, a algunos la grandeza les es impuesta y a otros la grandeza les queda grande”
– William Shakespeare