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La mayoría del tiempo vivimos entre el blanco y el negro, alejados de toda zona intermedia que nos pudiera clasificar como “indefinidos”.

Desde muy pequeños aprendemos que las cosas están bien o mal, obligados a pendular de un extremo a otro, entre la euforia y la culpa, la alegría y la tristeza, el amor y el odio, y sin término medio, dependiendo de nuestro entorno social o familiar.

Y por medio de ese alarde de inteligencia sobrevenida, intentamos convencer, y convencernos, de que nuestra vida tiene sentido en la medida en que “evangelizamos” a nuestro entorno con nuestras creencias, y las defendemos de cualquier opinión contraria.

Vivimos entre el sacrificio de renunciar a lo que es malo y la abnegación de hacer lo que es bueno.

Buscamos consecuencias a todo aquello que se nos presenta en forma de… “y que ocurrirá después”.

Y así creamos nuestro mapa mental, que se convierte en dueño de nuestros actos actuando como juez y verdugo de nuestro día a día.

En el fondo se convierte en un “facilitador” de nuestra vida, que acaba siendo conducida en piloto automático con velocidad fija.

Y en un constante esto sí, y esto no, todo transcurre en un monótono ir y venir de oportunidades perdidas.

Siempre las mismas sendas, siempre las mismas preguntas y siempre las mismas respuestas.

Si alguien nos pregunta en una mala interpretación de que nuestro mapa es el territorio “real”, ya no solo seremos jueces de nuestra vida, si no que intentaremos serlo de la de los demás!

Quizás, si nos acercáramos a la zona más gris entendiéramos que no hay piloto automático, que todo es cuestionable y que a veces, vana la pena de transgredir, atreverse, romper. algo en nuestro mapa, cambiaría.

Quizás ese día descubriríamos que, a veces, la felicidad es tan sencilla como entender a los demás y a nosotros mismos.

Que las emociones forman parte de nosotros.

Que dejarse ir, vivir, apurar el momento, como ese último sorbo de una noche maravillosa, forma parte de una vida con sentido.

Que nada es bueno o malo, salvo que lo sea, pero que por lo menos, todo es cuestionable, susceptible de ser retado, si mi YO y mi momento así me lo demandan.

Ser libre también es cuestionar lo establecido, saltar nuestros miedos al futuro, porque mientras te esclavizas al futuro, que jamás llega…. Pierdes un presente… Que siempre existe.

“Nada tarda tanto en llegar como aquello que jamás empieza “