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Dentro de mis responsabilidades empresariales, he dedicado mucho tiempo, a la enseñanza y entrenamiento para una correcta “gestión del tiempo”.

Es curioso observar, como las empresas detectan esta prioridad, conscientes del valor que aporta una correcta utilización de este, y el rendimiento que se obtiene de un buen entendimiento de la materia, pero aun es más curioso, observar la facilidad que tenemos de entenderlo, en calve “profesional”. Inmersos en un mundo productivo, nos lanzamos al aprovechamiento máximo de nuestro tiempo de trabajo, y en no caer en distracciones que nos aparten de nuestros objetivos.

Pero una vez finaliza este, ya nos abandonamos a la rutina, incapaces de aplicar los mismos criterios de rentabilidad, de “nuestro tiempo”, precisamente, por ese tiempo por el que trabajamos y nos sacrificamos.

Basta pararse delante de un reloj de Arena, para observar con detenimiento el constante fluir de sus granos, cayendo poco a poco, pero de una manera constante, y “sentir” como cada grano que cae, es una minúscula parte de tu vida, que ya jamás volverá. Es como si la vida, se deslizase por el resbaladizo cristal sin posibilidad de retenerla, y en realidad, es lo que está sucediendo en ese momento, de una manera implacable.

Obsesionados por ser rentables, no empleamos energía, en ver que nuestro tiempo, no se detiene, que se gasta a cada milésima de segundo, y que somos incapaces de detenerlo, pero sí de aprovecharlo.

Que en nuestra vida personal, nos rodeamos de “ladrones del tiempo”, en forma de pensamientos negativos, personas que no nos aportan, o tan solo cristalizado en momentos no vividos. Solo nos marcamos objetivos profesionales, solo gestionamos ese tiempo, pero ausentes muchas veces de nuestro principal objetivo, nosotros, nos abandonamos a un consumo irresponsable de tiempo, dejando que los demás, lo gestionen, o a veces, lo consuman.

Vivir el Yo y el ahora, ese secreto descubierto hace tiempo, pero tan poco explorado, es el único sistema de convertir cada minuto, en un minuto real, sabiendo que hago, y porque, y dándole el contenido que quiero, y sobre todo, huyendo de situaciones que no quiero, porque mi tiempo, lo gestiono para mí.

Hablamos de un estado de consciencia vital, que nos haga entender que al final, somos tiempo, que se nos ha dado, pero que no se detiene, y lo que hagamos con él, es la auténtica piedra filosofal de nuestra felicidad. Que no se trata tanto del que ocurrirá… como del que está ocurriendo, y si lo estoy viviendo y disfrutando, porque cada segundo que no aprecio, es un segundo que desprecio.

Quizás, la solución, es tener un reloj de arena, y observarlo, ver en cada grano, un halo de vida que se desvanece, y tomar conciencia de lo que en realidad está ocurriendo.

Y es que el presente, no existe, pues el futuro, para a través de el a cada instante, y a partir de ese momento, se transforma en pasado.

“Los hombres, viven como si jamás fueran a morir, y mueren como si jamás hubieran vivido”

– Budha