imposible

Hoy recuerdo la lectura de un libro magnifico de profusa literatura y amplitud de volumen, pero que de las muchas cosas que me dejó hay un pequeño pasaje que me penetró en lo más hondo.

Ambientada en época Medieval, el pasaje contaba el momento en que un capataz en plena necesidad de reducir trabajadores en la construcción de una Catedral, intentaba averiguar cuáles serían prescindibles.

Y así uno a uno les preguntaba cual era su misión en esa construcción.

Uno contestaba yo me dedico a cortar hierro, otro, yo mojo la roca, yo mido distancias y así uno a uno hasta que llegó a uno de los más humildes, que simplemente tenía la virtud de su gran fuerza, y que se dedicaba a mover grandes bloques de piedra…

Y ante la repetida y monótona pregunta, mirando a los ojos del capataz, con ojos orgullosos y con cierto brillo de satisfacción le contestó, que ¿qué es lo que yo hago aquí?

Yo mi señor, “hago Catedrales”.

Así de simple, obvió el detalle, y apreció la grandeza que constituía su trabajo, ¡y su aportación!

No es lo que hacía, es lo que conseguía, y el fruto del quehacer cotidiano!

Nosotros, en nuestro monótono cruzar de días de minutos y secuencias, construimos una vida y cada día marca su forma, como será y su consistencia.

Siendo realistas debemos pedir lo imposible o al menos lo que en principio parece imposible, simplemente por no atrevernos a intentarlo.

Moldear día a día la vida que queremos y merecemos, construyendo nuestra Catedral donde vivir según creamos.

Lejos de “es lo que hay” deberemos atrevernos a buscar límites, a salirnos de ellos y solo así conoceremos lo imposible cuando nos salgamos de lo posible!

Mas allá de pasar el día podemos atravesar esa sutil barrera que nos lleve a vivir el día, a convertirlo en un objetivo, una piedra mas de nuestra solida construcción del futuro que queremos.

No somos público de nuestra vida, somos actores de nuestra obra, y esta debe tener el desenlace que marquemos en nuestro guión.

Sólo conoces los límites cuando te acercas a ellos y, con sorpresa, acabas observando que se deshacen como mantequilla ante la voluntad del que se sabe capaz de conseguirlo.

Sólo hay una gran misión en nuestra obra… Vivir según deseamos y disfrutar de todo aunque sea a costa del sudor de mover algunas piedras, porque el objetivo lo merece pero, sin objetivo, se convierte en un triste recorrido de esfuerzos vanos.

“Nada en esta tierra, puede detener al hombre que posee la correcta actitud mental para lograr su meta. Nada en esta tierra puede ayudar al hombre con una actitud incorrecta” – Thomas Jefferson