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“La madurez del hombre es haber recobrado la serenidad con la que jugábamos cuando éramos niños”
– Frederich Nietzsche

Gran parte de nuestra vida la pasamos “en una constante siembra” anclados en la ansiedad,  recoger cuanto más mejor.

Sumamos por igual amigos que enemigos, sueños que decepciones, personas que nos aportan y otras que no, dudas preguntas ilusiones y un sin fin de cosas que en una vorágine de ansiedad durante mucho tiempo vamos almacenando en nuestro desván de la vida.

No obstante tarde o temprano llega la fecha de la Cosecha, en la que vamos sacando todo lo almacenado a modo de despensa “vital” y preguntándonos el “para qué” mantuvimos con nosotros ciertas cosas.

Y más que preguntas, llegan ciertas respuestas que se repiten con una tozudez desesperante a lo largo de las generaciones y que, a modo de camino sin salida, tienden a un infinito sin solución.

En ese momento aprendes que una vez asumes…

Que los Políticos siempre mienten

Que los precios siempre suben

Que cualquier tiempo pasado, siempre de manera inexorable parece mejor

Que la mayor parte de tus amigos se han perdido en la bruma del desinterés

Que al final, no hay más fuerza que la auténtica ternura, ni nada más tierno que la auténtica fuerza.

Que aquellos compañeros de viaje ”incondicionales” se fueron quedando en diversas estaciones.

Y que te reconoces en tus padres cuando hablas con tus hijos…

Entonces, darás sentido a muchas cosas, pues sólo el unir puntos de tu vida hacia el pasado es capaz de coser una telaraña que da sentido a todo, o convertir un sinsentido en una vida.

Nada es casual, y si causal.

”Lo que tu denominas Caos… Es el orden que aún no conoces“